“La ciencia como catalizador de progreso y bienestar” por Claudio Hetz

Claudio Hetz

Claudio Hetz

Cuando el elástico no se puede estirar más, las medidas parche basadas en pequeños aumentos en los impuestos de un sector muy pequeño y mejoras también menores de los beneficios ya existentes, ponen un tope claro a las posibles soluciones de las aclamadas demandas sociales.

Tomar decisiones políticas basado en el calor del momento o en las encuestas semanales nos ha llevado por una deriva sin directriz que se ha tornado impresentable. El despertar de la ciudadanía nos ha conducido a discutir posturas, que aunque son de sentido común, hacen evidente la falta de foco del estado sobre su rol esencial: asegurar el bienestar de la población en su conjunto con una mirada a largo plazo.

Chile está atrapado en un modelo económico que explota recursos naturales a expensas de daños ambientales irreversibles, acompañado de privatizaciones excesivas, donde las grandes riquezas se concentran en una decena de familias. ¿Cómo salir de este círculo vicioso autocontenido que sofoca al país? A pesar de que aún no está presente en el inconsciente colectivo, el desarrollo científico y tecnológico es una de las posibles estrategias para asegurar en forma eficaz un progreso continuo y dinámico. Esta receta es la que ha asegurado el bienestar de los países con economías estables y con alta calidad de vida.

Además de las externalidades positivas evidentes que tiene la inversión en ciencia sobre el sistema económico (innovación, competitividad, valor agregado, adaptabilidad), incorporar un pensamiento científico a la cultura y la educación puede ser transformador.

Transitar hacia una sociedad basada en el conocimiento trae de la mano ciudadanos con pensamiento crítico, donde las decisiones se toman basado en evidencia. Esto además nos permitirá predecir con mayor exactitud las consecuencias de nuestras políticas públicas. Fomentar el emprendimiento, la creatividad y el análisis objetivo llevará a un crecimiento multidimensional que traerá consigo más prosperidad, además de permitir anticiparnos a problemas futuros, evitando el tránsito constante de crisis en crisis.

La ciencia chilena brilla en el extranjero, representando un “producto nacional” que refleja seriedad y modernidad. Curiosamente, este sello distintivo emana de las riquezas naturales del país, como la astronomía, la oceanografía, la ecología, además de la biomedicina, la ingeniería entre otras áreas. En la última década el estado ha invertido en el entrenamiento de múltiples generaciones de jóvenes que impulsan nuestra ciencia día a día con una eficiencia y excelencia destacada por organismos internacionales. A pesar de ser uno de los países con menor inversión en ciencia de la OCDE, mantenemos una productividad milagrosamente equivalente al promedio OCDE en varios campos.

Lamentablemente, aun no vemos una ruta clara y un plan de gobierno que utilice las capacidades actuales para pensar el país que queremos en 5 a 30 años. Estamos incubando problemas serios que llevarán a una crisis mayor, como el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, la crisis del agua y el envejecimiento de la población con todos los problemas económicos y sociales que esto conlleva. Queremos ser parte de un nuevo pacto social que incorpore la ciencia y la tecnología como un eje unificador de la acción de múltiples ministerios.

Leer columna en Revista Qué Pasa


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